Cómo pasar el recetario de la familia del cuaderno al celular
En algún cajón hay un cuaderno con manchas de aceite, una hoja con la letra de la abuela y un mensaje viejo de WhatsApp con "la receta de la tía". Son recetas que no están en ningún libro y que se pierden con una mudanza. Digitalizarlas lleva un par de tardes si tenés un método.
1. Juntá todo antes de empezar
Reuní en un solo lugar todo lo que tenga recetas: cuadernos, hojas sueltas, recortes de revistas, capturas de pantalla, fotos que alguien te mandó, y hasta audios donde alguien te dictó la receta (transcribilos). Contar cuántas son te da una idea del trabajo y te permite repartirlo en sesiones cortas, por ejemplo diez recetas por vez.
2. Fotografiá cada original antes de tocar nada
La letra, las anotaciones al margen y hasta las manchas son parte del valor del recetario. Sacá una foto de cada hoja con buena luz natural, sin sombras y con el celular paralelo al papel. Guardá esas fotos como respaldo aparte, y recién después pasá la receta a un formato ordenado. Así nunca perdés el original, aunque te equivoques al transcribir.
3. Definí un formato único
Cada receta vieja está escrita de una manera distinta. Elegí una estructura y usala siempre:
- Nombre claro (mejor "Bizcochuelo de naranja" que "El de siempre").
- Porciones y tiempo total aproximado.
- Ingredientes con cantidad, unidad y nombre, uno por línea.
- Pasos numerados y cortos.
- Notas y origen: "de la tía Marta", "para el cumpleaños", "se hace el día anterior". El quién y el cuándo son lo que vuelve especial a un recetario de familia.
4. Resolvé las medidas "a ojo"
Es el mayor problema de las recetas heredadas. "Una taza", "un puñado", "harina hasta que agarre", "horno mediano" no significan lo mismo para todos. La solución más confiable es cocinar la receta una vez con la balanza y las cucharas medidoras al lado y anotar lo que realmente usaste.
- Tazas: medí cuántos mililitros o gramos entra en la taza que se usa en tu casa y anotalo. Una taza puede ir de 200 a 250 ml según cuál sea.
- Horno "mediano" o "moderado": suele rondar los 180 °C, pero comprobalo con tu horno, que cada uno tiene su carácter.
- "Hasta que agarre" o "hasta que esté": anotá la cantidad que usaste y también cómo tiene que verse o sentirse la masa al final.
5. Ordená con pocas categorías
Con seis a ocho categorías alcanza: entradas, platos principales, guarniciones, postres, panadería, salsas y conservas. Sumá etiquetas para lo que cruza categorías ("rápidas", "sin horno", "para fiestas", "para llevar") y marcá favoritas las diez que se repiten todas las semanas. Si creás treinta categorías, terminás sin encontrar nada.
6. Sumá una foto del plato terminado
Ayuda a saber a qué apuntás la próxima vez, y hace que el recetario sea más agradable de recorrer. Si no tenés foto, sacala la próxima vez que cocines esa receta.
7. Respaldá y compartí
- Tené el recetario en al menos dos lugares: el celular y una copia en la nube o en la computadora.
- A fin de año, exportá o imprimí una versión en papel o PDF para regalar. Es un buen regalo familiar.
- Compartilo con quienes aportaron las recetas y pediles que corrijan lo que falte: casi siempre alguien se acuerda de un ingrediente que nadie había anotado.
Errores frecuentes
- Transcribir sin cocinar la receta y quedarse sin saber si funciona con las cantidades anotadas.
- Mezclar unidades (tazas en unas líneas y gramos en otras) dentro de la misma receta.
- Tirar el original después de pasarlo.
- No anotar los cambios que hacés cada vez que la cocinás.
Para las medidas "a ojo". El conversor de medidas de cocina te dice cuántos gramos y mililitros son una taza, una cucharada o una cucharadita según el ingrediente, y pasa la temperatura del horno entre °C, °F y marca de gas.